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Nuestra mirada es responsable

1 de marzo de 2018By jonlandeta_ekhi0 Comments

Nuestra mirada es responsable de dar una identidad y rol al resto de personas que nos rodean. Nuestros juicios son los que dan un significado al resto de personas del sistema, y todo este sistema creado por nuestro pensamiento es en el que nos desenvolvemos y utilizamos para experimentar y vivir de una manera u otra. Por eso, todos debemos asumir la responsabilidad de nuestra mirada, porque a través de ella estamos facilitando o poniendo trabas la plenitud de los demás.

Generalmente aceptamos que la realidad es relativa según el punto del que miramos, y que lo que es bueno para una persona es malo para otra. Pero si lo analizamos en forma de oportunidad, tenemos la posibilidad de cambiar intencionadamente nuestro punto de observación para poder determinar una realidad más cercana a La Verdad. Dado que existe una Verdad por conocer, a la que llegar. Pero, ¿somos los seres humanos capaces de encontrarla? ¿Podemos hacerlo desde una contaminación de conciencia tan presente en la vida diaria? Al menos podemos intentarlo, démonos permiso unos a otros mientras nos recreamos en la relatividad de las cosas a través de la experiencia de vivir en la tierra.

Pero no es fácil, en absoluto lo es. Tratar de dibujar una línea de vida en la que te comprometes con desidentificarte y separarte de las miradas ajenas te traslada a un centro vital desarraigado y volátil, una zona turbulenta.  Las personas hemos aprendido a generarnos una idea de quiénes somos a partir de los ojos externos y podemos perdemos la referencia de nuestra propia identidad. Si dejo de ser lo que los demás esperan de mí, ¿quién soy?. (A otro nivel, es necesario utilizar esta desidentificación para tomar una conciencia individual, pero no es el objeto de este post.)

Por un lado, podemos aceptar que las personas necesitamos otorgarnos unos a otros unos pilares interconectados, que de forma natural van tejiendo un sistema de valores y normas de conducta a los que ajustarnos, para poder generar una seguridad y estabilidad emocional y mental, pero desde una mayor conciencia individual y colectiva, este sistema de redes de ideas creadas es una trampa, donde unos a otros nos cortamos la libertad de elegir, de apostar, de superar situaciones, de dignificar el dolor, hacer cosas diferentes o de buscar una plenitud y progreso.

Quienes nos sostienen y dan una seguridad y arraigo identitario durante una fase de nuestro aprendizaje, pueden llegar a ser nuestros mayores y más dolorosos frenos si no salen de la posición enjuiciadora. Es difícil desapegarse radicalmente del entorno, y deberíamos facilitar a los demás la libertad de vivir sin juicios. Cuesta mucho darse cuenta y generalmente sólo lo hacemos cuando queremos salir de zonas de confort.

Hay que tener muy presente que mientras los demás nos están colocando en algún lugar o posición, nosotros también lo hacemos con los demás. Es decir, somos responsables de la mirada que lanzamos a nuestro entorno, en la que está nuestro juicio incluido. Esa mirada, ese espejo, será el que utilice la persona de enfrente para colocarse en el sistema. En otras palabras, eres tú quien está convirtiendo a esa persona en lo que es y en cómo actúa.

¿Quién soy yo para poder juzgar lo adecuado o lo no adecuado? ¿Para determinar la vida del otro? ¿Qué es lo que estoy proyectando? Las miradas duras pueden esconder detrás mucho miedo, heridas no sanadas, envidias, falsas lealtades etc. y en general sólo ponen de manifiesto nuestras claras limitaciones para entender para qué estamos en esta existencia. Y no lo olvidemos, cuando juzgamos también nos retratamos.

Por citar un ejemplo, si acentúas el victimismo a una persona por lástima, le estás quitando la capacidad de autosostenerse y levantarse de nuevo con toda la dignidad que otorga la experiencia. La estás desempoderando.

Cuando te veas juzgando, analiza primero qué es lo que se te mueve. No te engañes, dado que no es Amor, como mucho será una ficción de amor o lo que equivocadamente entiendes por amor. El Amor más limpio implica necesariamente respeto y ausencia de juicio. Implica una compasión por otro ser humano y un deseo sincero de felicidad para el otro.

Si quieres acercarte a alguien hazlo desde la pureza, desde el cariño incondicional y respeto a su camino de vida, deja tus patrones y viejas ideas en casa, y con eso puede ser suficiente para provocar algo positivo en esa persona, para que la víctima se levante, para que quien agrede amaine su dureza mientras al mismo tiempo dignificas tu actuación y elevas tu grado de comprensión de la vida.

Mirándonos con cariño unas personas a otras, podemos generar un entorno muy rico de evolución consciente, de libertad y de relaciones sinceras desde el corazón.

Cuanto menos enjuiciamos una aparente realidad (muy lejos de la verdad), más libres hacemos a los demás de poder generar la suya.

En definitiva, tu mirada es responsable, úsala con sabiduría.

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