Quemar el sistema
Quizá sea hora de indignarse profundamente con la sociedad que hemos creado y decir basta. Desigualdades, guerras, discriminación, violencia contra las mujeres, personas ahogadas tratando de llegar a Europa, políticos saqueadores y mentirosos, doble moral, sostenibilidad ambiental, prostitución, abrumadora contaminación y manipulación mediática, desprotección de la infancia, anestesia general social con el fútbol, la tecnología, las redes sociales, el consumismo, el sexo deshumanizado o las series. Y todo ello nos ha llevado a una desconexión sistemática de nuestra esencia humana y a una grave pérdida de conciencia de nosotros mismos.
Creamos y nos rodeamos de infinitas justificaciones que nos hacen perpetuar el sistema en el que vivimos, como seres automatizados en una lealtad pasmosa a lo conocido. Nos montamos una narrativa y unos inservibles argumentos que nos acabamos creyendo para poder permanecer en territorio conquistado. Aunque sea un terreno podrido, lo edulcoramos para poder vivir en él.
Solo con ver la programación de la televisión, las noticias, o sencillamente detenerse 5 minutos en la calle y observar con atención uno se puede dar cuenta de la locura de sociedad que hemos creado, tan alejada del corazón, y de nuestra parte más vulnerable, que no débil.
Y el esfuerzo por mantener esta desconexión es absolutamente agotador. Horas de trabajo, stress, enfermedades, consumo, vida ajetreada, relaciones personales vacías, parejas marchitas, familias rotas etc. Como si por disfrazarnos de hamsters y dar unas cuantas vueltas a la ruleta estuviéramos a salvo de darnos cuenta de nuestro engaño. Puede que funcione un tiempo, pero la máscara caerá en algún momento.
Y atreverse al cambio no es tan sencillo, porque implica necesariamente llegar a la raíz de todo lo que hemos construido desde nuestra máxima desconexión, a nuestras ideas y creencias equivocadas para tapar un dolor escondido desde hace muchos años.
Debajo de esa construcción disponemos de un mundo interior infinito, lleno de dones, de potencialidades, de frescura, de amor, de magia, de alegría genuina por sólo respirar. Pero llegar a ello requerirá que tengamos el valor de abrir los ojos y prestarle mucha atención a todo lo que nos encontremos por el camino. No sirve de mucho leerlo o escucharlo de boca de otros, porque este viaje interior, el Gran Viaje es conocido desde hace siglos, tan antiguo como el ser humano. Lo que cuenta es que te atrevas a correr el telón y comenzar un camino que como un círculo de fuego, te llevará de nuevo a ti.
Prepara la gasolina para quemar el viejo sistema, – Tu sistema-. A veces duele pero el regalo es infinito.