Amar a nuestro enemigo
Todos vamos construyendo una parte enferma, neurótica. Esa parte interna de nosotros que nos impide Ser. Que oscurece nuestro comportamiento y nos lleva a vivir desde una conciencia más estrecha y limitada. A mirar hacia la muerte más que a la vida. A desarrollar una neurosis que nos aleja de la realidad y nos quita la libertad para vivir.
Esta sombra frecuentemente negada y escondida, se desarrolló por amor, por lealtad, fue una terrible renuncia a vivir en una mayor libertad y sintonía con la Vida con tal de que personas de nuestro sistema pudieran vivir en nosotros, por hacer posible nuestra existencia en un entorno enfermo.
De niños, aprendemos a dejar de Ser por amor, renunciamos a ser completos, a expresarnos, a vivir desde nuestros dones por un amor a nuestra familia y a nuestro sistema. E incorporamos en nosotros con toda la fuerza que da la pertenencia también sus intrincaciones y enredos que impiden nuestro desarrollo.
¿Qué mayor prueba de amor puede haber que la renuncia a uno mismo por dar un espacio a los demás?
El niño interior debe ser visto para que no se continúe enganchado con su propio sistema, y para poder ser visto completamente es necesario ver todo el inmenso amor desde el que renunció a Ser, para poder perpetuar su propio sistema familiar. Es decir poder ver su amor, su inocencia y su acto heroico de renuncia.
¿Y cuando ese enemigo es exterior?
Cuando el conflicto lo tenemos con la sombra de alguien de nuestro entorno, no se trata de poner la otra mejilla, ni de sufrir o exponerse a las fuentes de dolor o a relaciones que nos limitan y nos hacen infelices. En realidad podemos trabajar desde una doble dimensión:
A nivel interno, podemos mirar el inmenso amor del niño interior de la persona que nos hace daño, y esto nos va a dar la paz interior que necesitamos. Pero al mismo tiempo, podemos alejarnos y defendernos desde tierra para no seguir sufriendo en el conflicto. Podemos comprender y ver el amor que mueve a nuestro enemigo (escondido detrás de su agresividad) y al mismo tiempo ponerle las barreras suficientes para que no se acerque a nosotros.
Pero no se trata de perdonar y aceptar desde el deseo o desde la voluntad -Yo, desde mi posición te voy a comprender y perdonar- sino desde la mirada a ese gran amor que hay detrás, desde una comprensión profunda.
Un Sí grande, de conciencia amplia nos da esa mirada y esa comprensión, y mirar a las personas de nuestro alrededor, viendo y respetando a su niño/a interior y todo su amor, nos sintoniza con algo más grande que nosotros y poder decir con honestidad, no soy ni más grande ni más pequeño que tú, ante la Vida somos iguales.